El Gandolero Atorado: Optimus… ¿eras tú?

Si han tenido la oportunidad de manejar en un país con leyes de tránsito estrictas, sabrán que los letreros de límites de velocidad en la autopista deben respetarse por completo. Incluso, los GPS tienen la función de poner los números en rojo como señal de advertencia cuando el conductor se acerca al límite permitido.

 

Ahora bien, si han tenido la oportunidad de manejar en la ARC (Autopista Regional del Centro), notarán con curiosidad que de vez en cuando aparece un letrero que indica como límites 80 km/h para el canal rápido, 60 km/h para el canal lento y omite por completo el uso del hombrillo. Si a usted le parece irreal, imagínese lo que debe pensar el gandolero promedio. Ese que usa ese tercer canal para pasar a todo carro que no le preste la colaboración de quitarse para que él vaya a 120 km/h en el canal lento.

 

ARC

Nota obvia: Cuando tomé esta foto iba de copiloto, no manejando

 

Cuando una gandola te hace cambio de luces a 10 cm de tu carro, te conviertes en una versión tangible de su frustración. Te conviertes en el único obstáculo entre el sueño de ese conductor de carga pesada de manejar un transformer. Es como si todos creyeran que van a bordo de Optimus Prime. En mi mente terrícola no hace clic la idea de que el carro que va a 100 km/h deba arriesgarlo todo por darle paso a la carga pesada que quizo luchar contra el tiempo. Porque el vehículo que te acosa en autopista nunca es un Ferrari o una ambulancia. ¡No! El apurado siempre es un camión que transporta las cabillas más importantes del país que no pueden retrasarse un minuto más en la vía.

 

gandola

 

Entonces manejar se convierte en la mayor práctica de atención múltiple que existe. Hay que ir pendiente del hueco siguiente, con la pericia suficiente de evitarlo sin bajar mucho la velocidad para no perturbar al autobús que te viene acosando. Hay que evitar el hombrillo por si hay un vendedor de mangos. Se requiere evitar a los animales en descomposición cerca de la cuneta. Y todavía hay que tenerle consideración al pobre gandolero que se siente indignado porque no puede transitar a 140 km/h por el canal lento de una autopista. Quienquiera que sea mi querido señor, le ofrezco mis disculpas por tenerle algún aprecio a mi vida. Disculpe que dicha necesidad de proteger mi integridad interfiera con su sueño de ser un ave que vuela libre esquivando ramas. Eso sí, si alguna vez se topa nuevamente conmigo en la autopista y siente que le impido llevar su vehículo al límite, trate de sacarle alas a la gandola y desafiar las leyes de la física. Porque al abusador NO le doy paso.

 

Mi Mamá y su Pasaporte

La historia de hoy no es mía, pero vale la pena contarla. Se trata de un trámite simple, buscar un pasaporte que ya te avisaron estaba listo…

Un jueves cualquiera mi mamá recibe el codiciado mensaje que indica que el pasaporte ya ha llegado a la oficina y está listo para ser retirado. Dicho mensaje indica que las personas deben ir en horario de 1 a 4 pm para retirarlo. Ingenua (como somos todos ante estos trámites), mi mamá decide irse “temprano” y llega a las 12 pm, para encontrarse con esto:

Gente agolpada contra la reja tratando de tumbarla, enardecida por lo que definitivamente puede calificarse como una burla a quien ellos llaman el “estimado usuario”.  Al parecer había gente allí desde las 3am, esperando que repartieran números para ser llamados en algún momento del día. Una señora que había llegado a las 10am informaba “aquí repartieron 60 números más porque la gente cerró la avenida para presionar”. La escena incluía a un señor que discutía con el encargado de informar. Le preguntaba que por qué no hacían un operativo con más gente para repartir los pasaportes, a lo que el amable trabajador respondió “si quieres te vienes mañana y montas tu operativo”. Lo que por supuesto generó muy poca calma entre la agotada multitud.

largas horas

Segundo Intento

En vista de lo lejos de la realidad que estaba el horario de 1 a 4pm, mi mamá decide irse al día siguiente a las 8am. Preparada con comida, agua y zapatos de goma. Una rutina que conocemos los venezolanos que hemos ido a votar. Se encuentra entonces con que ya habían hecho 11 listas de 25 personas cada una. Y tras 3 horas de cola, se anotó en la lista número 27. El problema estaba entonces en que perder la cola era simplemente inaceptable, por lo que ir al baño no era una opción, así que tomar agua estaba tácitamente contraindicado. Ya se imaginan pues, una cola de gente casi deshidratada bajo el inclemente sol de Maracay. Sin mencionar dolores de columna, de cabeza, de pies y de alma.

 

gente con rabia

La Cola de la Tercera Edad

Posiblemente lo más bochornoso de toda la jornada. A los viejitos los hacían salirse de la cola con la promesa de que a ellos los buscarían aparte. Cosa que nunca sucedió. El encargado les decía “no tranquilos, no tenemos que anotarlos, nosotros los llamamos”. Ya se imaginaran lo lamentable de la escena.

 

tercera edad

El Desenlace

Es así pues, como al pasar de 8 horas logran entrar, luego de que la gente casi tumbara la puerta a empujones. Al cumplirse las 9 horas de espera, le entregan a mi mamá su pasaporte. ¡Con una foto equivocada! El muchacho le dice “Ay, esta como que no es usted”. Y el, tan observador, tenía razón. No era mi mamá, ni se le parecía. “Siéntense aquí mientras se le arregla, yo la llamo”. Y así dieron 10 horas y media de espera.

 

Un día normal ¿no?