Mi Mamá y su Pasaporte

La historia de hoy no es mía, pero vale la pena contarla. Se trata de un trámite simple, buscar un pasaporte que ya te avisaron estaba listo…

Un jueves cualquiera mi mamá recibe el codiciado mensaje que indica que el pasaporte ya ha llegado a la oficina y está listo para ser retirado. Dicho mensaje indica que las personas deben ir en horario de 1 a 4 pm para retirarlo. Ingenua (como somos todos ante estos trámites), mi mamá decide irse “temprano” y llega a las 12 pm, para encontrarse con esto:

Gente agolpada contra la reja tratando de tumbarla, enardecida por lo que definitivamente puede calificarse como una burla a quien ellos llaman el “estimado usuario”.  Al parecer había gente allí desde las 3am, esperando que repartieran números para ser llamados en algún momento del día. Una señora que había llegado a las 10am informaba “aquí repartieron 60 números más porque la gente cerró la avenida para presionar”. La escena incluía a un señor que discutía con el encargado de informar. Le preguntaba que por qué no hacían un operativo con más gente para repartir los pasaportes, a lo que el amable trabajador respondió “si quieres te vienes mañana y montas tu operativo”. Lo que por supuesto generó muy poca calma entre la agotada multitud.

largas horas

Segundo Intento

En vista de lo lejos de la realidad que estaba el horario de 1 a 4pm, mi mamá decide irse al día siguiente a las 8am. Preparada con comida, agua y zapatos de goma. Una rutina que conocemos los venezolanos que hemos ido a votar. Se encuentra entonces con que ya habían hecho 11 listas de 25 personas cada una. Y tras 3 horas de cola, se anotó en la lista número 27. El problema estaba entonces en que perder la cola era simplemente inaceptable, por lo que ir al baño no era una opción, así que tomar agua estaba tácitamente contraindicado. Ya se imaginan pues, una cola de gente casi deshidratada bajo el inclemente sol de Maracay. Sin mencionar dolores de columna, de cabeza, de pies y de alma.

 

gente con rabia

La Cola de la Tercera Edad

Posiblemente lo más bochornoso de toda la jornada. A los viejitos los hacían salirse de la cola con la promesa de que a ellos los buscarían aparte. Cosa que nunca sucedió. El encargado les decía “no tranquilos, no tenemos que anotarlos, nosotros los llamamos”. Ya se imaginaran lo lamentable de la escena.

 

tercera edad

El Desenlace

Es así pues, como al pasar de 8 horas logran entrar, luego de que la gente casi tumbara la puerta a empujones. Al cumplirse las 9 horas de espera, le entregan a mi mamá su pasaporte. ¡Con una foto equivocada! El muchacho le dice “Ay, esta como que no es usted”. Y el, tan observador, tenía razón. No era mi mamá, ni se le parecía. “Siéntense aquí mientras se le arregla, yo la llamo”. Y así dieron 10 horas y media de espera.

 

Un día normal ¿no?

 

El Vigilante NO se llama Carlos Angustia

Esta historia es una muestra de por qué hay que chequear bien la información que te dan los vigilantes.

 

No hace mucho, escuché a los vigilantes referirse a otro como “Carlos”, pero por no escuchar bien el cuento, no me enteré de que lo de Carlos viene por “Carlos Angustia”. El apodo viene porque el susodicho no es precisamente simpático y por lo general tiene una tendencia a ver el vaso medio vacío.

 

carlos angustia

 

Toda esa información me hubiese sido de gran utilidad antes de dirigirme al vigilante como “Sr. Carlos” y desatar su furia. Sin embargo, el Sr. Angustia y yo ya teníamos un antecedente interesante gracias a su cordialidad.

 

Hace algunos meses estaba esperando un sobre de Zoom que debía llegar en 24 horas. Evidentemente yo esperaba que se tardará más, pero nunca pensé que se convirtiera en una espera de casi una semana.

 

Un Martes cualquiera:

 

Yo: Sr. Carlos Angustia… ¿Por aquí no ha llegado un sobre de Zoom?

CA: No

 

El Miércoles:

 

Yo: Sr. Carlos Angustia… ¿Todavía no ha llegado nada de Zoom?

CA: Aquí no ha venido nadie

Yo: Que raro…

CA: Aquí no ha venido nadie. Si no me cree…

Yo: No, no. De repente mañana

 

cartero zoom

 

El Jueves:

 

Reviso la página de Zoom y dice “se han hecho dos intentos y se niega la entrada, indican que la persona no vive allí”

 

Yo: Sr. Carlos Angustia… Yo estoy esperando un sobre de Zoom y en la página dice que…

CA: ¡Aquí no ha llegado nada! ¡Mire que no hay nada!

Yo: Bueno déjelo así, yo voy directo a Zoom

CA: Ya va, ¿usted dice un sobre? ¿como de documentos?

Yo: Sí, de Zoom

CA: Ah ellos han venido varias veces

Yo: ¡Pero si yo le he preguntado todos los días!

CA: ¡Pero aquí la hemos llamado y usted no contesta! Había que pagar Bs. 70 por la entrega y yo no los tenía. Si usted los deja uno le hace el favor, pero ¿cómo se hace?

Yo: A mí no me ha llamado nadie

CA: Usted no contestaba y no dejó el dinero. Yo le hubiese hecho el favor pero usted no avisó

Yo: Señor ¡yo le he preguntado a diario!

CA: Pero la llamamos…

Yo: Mejor ni me explique, yo voy directo

 

carlos angustia

 

Horas después, llego sudada tras recorrer agencias de Zoom bajo el sol Aragueño. Sobre en mano finalmente…

 

CA: ¿Se lo entregaron?

Yo: Si señor, me lo entregaron

CA: ¿Usted sabe que no fue culpa mía no? Yo le hubiese hecho el favor

Yo: Que pase buen día Sr. Angustia

 

Y así pues, entendí por qué lo llaman ¡Carlos Angustia!

 

creador de contenidos

La Pregunta a un Creador de Contenidos: ¿Qué es eso que tú haces?

Decirle a alguien que eres ‘Creador de Contenidos’ por lo general causa confusión. Entonces, decides cambiar el término por ‘Escritor’, pero de inmediato te imaginan como Leonardo Padrón. Y que más quisiera yo que tener mis propios libros publicados, pero la realidad es mucho menos glamorosa.

 

creador de contenidos

Para hacerles el cuento corto, en esta maravilla que conocemos como Internet hay páginas dedicadas a cubrir todo tipo de necesidades. Usualmente, marcas y empresas de servicio tienen una página web donde promocionan sus productos. Esas páginas deben llenarse con información de utilidad. Y es allí cuando los creadores de contenido tenemos trabajo.

 

¿Cómo Sabes de Qué Escribir?

Depende absolutamente de tu cliente. Si te contrata una tienda virtual de ropa, tendrás que escribir sobre cosas relacionadas a la mercancía y al tipo de persona al que esta marca le vende.

 

Por ejemplo:

 

  • Descripciones de cada prenda a la venta
  • Publicaciones sobre tendencias de moda y del estilo de la marca
  • Noticias interesantes para los seguidores de la marca
  • Información sobre nuevas promociones

 

¿Debes ser un Experto en el Tema que te Toca Escribir?

No necesariamente. Pero si debes estar dispuesto a informarte del tema y usar un lenguaje que llegue al lector deseado. Es importante que uses fuentes de información confiables y evites ‘inventar’ lo que no sepas. Recuerda que alguien que si sea experto puede estar leyendo, el mejor escenario es que tu punto de vista le parezca interesante.

 

¿Y si no se me Ocurre Nada?

La creatividad es la habilidad clave de esta profesión. Muy frecuentemente puede ocurrir que la musa nos abandone. Pero cada escritor tiene un estilo particular de trabajo y formas de organizarse. Sin embargo, mientras más información tengas sobre el tema, más ideas se te ocurrirán. Salir un poco de tu rutina también ayuda, es como ‘resetear’ el cerebro.

 

creador de contenidos

 

¿Qué habilidades debe tener un Creador de Contenidos?

  • Saber redactar, parece simple pero no lo es
  • Algo de cultura general nunca le ha hecho daño a nadie
  • Un poco de mercadeo para saber como llegarle a tu audiencia
  • Saber buscar información en los lugares adecuados

 

Requisitos Adicionales Para Quienes Vivimos en la Tierra de la Brisa en el Palmar:

  • Resignación para aceptar que a veces el ABA falla
  • Paciencia para esperar mientras llega la luz

 

Resumiendo

Un Creador de Contenidos es una persona creativa que cumple un horario de trabajo como cualquier otro profesional. La diferencia es que en lugar de sacar cuentas o elaborar algo tangible, produce palabras e imagenes. No es más glamoroso ni mejor remunerado, pero tampoco más fácil o libre de estrés.

 

Ahora cuentenme ustedes ¿qué es eso que ustedes hacen?

 

 

¿Y a ti te pagan por eso?

 Quiero dedicar este post a todos los que menosprecian el trabajo de otros sin  siquiera intentar hacerlo por un día.


 “¿Y qué es lo que tú haces? ¿Escribir? ¿Y por eso te pagan? ¿Por estar en la  computadora todo el día? ¡Mira fulano! ¡A ella le pagan por hacer nada todo el  día! ¿Que si se cansa? ¿Como se va a cansar si no hace nada? Que sabroso”


 Y es que, existe esta creencia popular de que sólo se cansa el que tiene un trabajo  físico. De que sólo trabaja el que suda y de que sólo se esfuerza el que tiene  ampollas en los pies. Obviamente hay trabajos muy físicos que generan un  desgaste que los trabajos de oficina. Yo particularmente no me quejaría de un  dolor de pies frente a alguien que pasa el día recogiendo basura por toda la  ciudad. O de mucha presión laboral frente a un médico de guardia en un hospital.  Pero ciertamente quienes trabajamos “frente a la computadora” no estamos todo  el día cuidando la granjita de facebook… bueno, no todos.


Lo que me llama la atención es:

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La Nubecita Gris

Que chévere es cuando tú le preguntas a alguien “¿Cómo estás?” y la respuesta es “¡Muy bien!”… pero eso pasa poco. A mi en particular me irrita la gente que te responde “Bien” casi en tono de disculpa. Como si tuvieran un problema grandísimo y lo que les pasa es que no consiguen el repuesto del retrovisor del carro.

El problema también es que la gente no te permite estar bien. Tú respondes “todo chévere” y por detrás dicen “es que ella es hermética, no le gusta hablar de sus problemas”. Asumiendo que tienes que estar consternada con todos los problemas de tu vida que a ellos les parecen evidentes.

Ahora, hay un especie en particular que yo recomiendo evitar a toda costa. Me gusta llamarle “La Nubecita Gris”. Esta gente vive para quejarse y necesita hacerte saber lo mal que están, o lo bien que están pero todo lo que les salio mal en el camino.

Esa gente que te dice “¿Tú debes 25? ¡No chica! ¡Yo debo 12.500.037.151! ¿Y fulana? fulana debe más porque esa tiene mucha plata, ¡vieras el viaje que se echó!”. Y tú te haces 3 preguntas:

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