Escritora de Día, Mesera de Noche

¡Buenas buenas! En mi post anterior les comentaba de mi opinión sobre el término ‘comenzar desde cero’ y la connotación que le llegamos a dar. Hoy les quiero contar sobre una inminente realidad migratoria, que es trabajar en cosas que no necesariamente tienen que ver con tu experiencia profesional.

Mesera

En mi caso, recientemente he tenido la oportunidad de trabajar como mesera en un restaurante Mexicano. ¿Cuánta experiencia tenía atendiendo mesas? ¡Cero! ¿Cuánto sabía de comida Mexicana? ¡Le llamaba fajitas a las tortillas!

En Estados Unidos al igual que en muchos otros países con cultura de servicio, ser cocinero, mesero, bartender, portero, cajero o barista son trabajos sumamente comunes. Te puede atender un adolescente buscando dinero extra en sus vacaciones o una señora que se dedicó su vida entera a ser mesera. Y la verdad, nadie se sorprende.

¿Necesita Algo Más?

Lo principal para adaptarte a un empleo que nunca habías tenido es la disposición de aprender a hacerlo. Cada sitio tiene sus reglas y procedimientos, que seguramente están allí por algo. Lamentablemente me ha tocado ver a algunos coterráneos estrellarse por llegar con esa actitud chocante de “sabelotodo”.  

Yo ciertamente no me las sé todas. Obviamente tengo opiniones, pero no veo por que tendría que ventilarlas en todo momento o tratar de cambiar los procedimientos para que se adapten a mi.

Años atrás no sabía cómo hacer una llamada fuera de Venezuela y terminé trabajando de operadora internacional. Por mucho tiempo creí no tener paciencia para enseñar y descubrí que me gustaba dar clases de Inglés. Durante mis pasantías de la universidad comprobé lo que ya me temía, ¡que no me gustaba para nada mi carrera de pregrado!

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De mi época de auditora

Más tarde me encontré trabajando en una oficina de Asiáticos en Australia asesorando a estudiantes internacionales y luego auditando ticketsitos de punto de venta en un supermercado. Es decir, ¡cualquier cosa puede pasar!

Con ese pequeño curriculum vitae lo que les quiero decir es que toda experiencia laboral va a contribuir en algo a sus vidas. Puede ser enseñarles paciencia, reforzar o cambiar sus conceptos de ética, entrenarlos en un oficio nuevo o en definitiva corroborar lo que no les gusta.

Ni tan Calvo ni con dos Pelucas

¡No! No me volví de repente una autoproclamada guía inspiracional. No sé por cuánto tiempo dedicaré mis noches a la vida de mesera. Me duele el hombro de cargar la bandeja y llego a casa con un delicioso olor a chimichanga bien frita. Pero quiero invitar a los que me lean a recordar que hay problemas muchísimo más graves en el mundo.

Recuerden los motivos que los han traído al sitio donde están, dense la oportunidad de descubrir hacia dónde quieren ir y definan qué hacer para lograrlo. Ahora, que funcione o no ya es otra cosa. Supongo que todo depende de lo que usted considere un éxito. Pero que no se diga que el intento no se hizo.

¡Buena suerte!

P.D. Tanto acceso diario a gente distinta me ha dado mucho material para este parloteo. ¡Por ahí tengo unas cuantas historias acumuladas!

 

Orlando sin Mickey Mouse

No quisiera comenzar a escribirles con un cliché de esos de “que rápido pasa el tiempo”, pero ¡ah caray! ¡Que rápido pasa el tiempo! Tenía meses sin escribirles, pero la adaptación a una nueva ciudad y estilo de vida me habían espantado la musa.

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Orlando Eye

Tengo un tiempito viviendo en Orlando y a diferencia de mi experiencia migratoria anterior, esta vez la situación es familiar y la motivación fue menos planificada y un tanto agridulce. ¡Cosa que por cierto da para unas cuantas historias! Pero ya llegaremos a eso.

Welcome

La familia fuera de pose

La Vida en Orlando

Hoy les quiero contar lo que significa vivir en una ciudad donde pareciera que todo el mundo está de vacaciones. Si bien es cierto que Orlando se mueve con el turismo, esta es una ciudad normal donde la gente sale temprano a trabajar y hay tráfico en la hora pico. Gran parte de sus habitantes trabaja en algo relacionado al turismo o atención al cliente. Así que están acostumbrados a ver la vida en temporada alta y baja.

Más allá de los emblemáticos parques de Disney, que realmente quedan en Kissimmee, la ciudad está llena de Malls, Shopping Plazas y Outlets donde puedes comprar de todo y a precios muy competitivos. De hecho, cuando vives aquí te acostumbras a no comprar lo primero que ves, porque hay muy altas posibilidades de que en otra tienda lo consigas a mejor precio.

Hay una zona muy frecuentada por turistas y locales que se llama International Drive donde hay muchos Restaurantes y Cafés, además de atracciones turísticas más pequeñas. Ahí está el Museo de Madame Tussauds por ejemplo, el acuario, el Orlando Eye, la casa al revés de Wonderworks, el Museo de Ripley, etc.

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Bailando con Ricky en el Museo de Madame Tussauds en Orlando

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Viendo Tiburones en Sea Life

Y para quienes le huyen a lo turístico, hay muchos parques, lagos y espacios abiertos donde la gente se reúne a hacer picnics, parrillas o ejercicio (cuando tienen tiempo libre, que no es muy común).

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Lake Eola en Downtown Orlando

Ser Venezolano en Orlando

Los gustos básicos del venezolano no son un problema en Orlando. Hay restaurantes venezolanos, food trucks, mercados latinos, panaderías y todo el asunto. El área de más alta concentración es probablemente Hunter’s Creek, pero hay coterráneos viviendo en todas partes.

 

El reto más grande es luchar contra el estereotipo. Ya les había contado en un post anterior que tenemos muy mala fama. Pero hay muchos venezolanos trabajando duro y tratando de integrarse al estilo de vida de la ciudad.

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Al igual que en muchas otras ciudades del mundo, a menudo se hacen concentraciones, convivencias, talleres, etc. Hay grupos dedicados a brindar ayuda e información a quienes van llegando.

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Concentración de Casa de Venezuela en Orlando

Comenzar Desde Cero

Durante el tiempo que tengo en Orlando he escuchado mucho la frase ‘comenzar desde cero’. Les confieso que no estoy del todo de acuerdo con la connotación que se le da. Yo les aconsejaría a todos quienes se muden a otro país que vieran la experiencia como una nueva etapa, una fase distinta.

No traten de comparar su vida en el exterior con la rutina que llevaban en Venezuela, porque lo más probable es que terminen por no disfrutar de las experiencias que se presenten. En mi opinión, hay quienes hacen de la nostalgia una excusa para boicotear otras oportunidades. Temporal o permanente, traten de disfrutar su experiencia migratoria y aprender todo lo que puedan.

Nada de esto significa que olvidemos a Venezuela o neguemos nuestro gentilicio. Por el contrario, tenemos la gran oportunidad de mostrarle al mundo la mejor cara de nuestro país. Demostremos que en Venezuela también hay talento y ética.

Pronto les comparto más detalles de lo que significa vivir en Orlando y la rutina. No solo para que sigamos en contacto, también para que comparemos y aprendamos de nuestros conceptos de ‘normalidad’ y ‘estilo de vida’.

 

Me Despedí del Padre, Ahora del Hombre

A quien pueda interesar:

Hoy recibí la noticia del fallecimiento de mi padre, quien tuviera años luchando con problemas de hipertensión. Su rutina diaria estuvo siempre llena de retos, propios de quien sobrevive un ACV. A veces sorprendente, a veces frustrante.

Nuestra1931076_60220160864_4925_n.jpg relación hace muchos años dejó de ser la de padre/hija. Desafortunadamente nuestra historia estuvo marcada de ausencias, de errores de adultos que hacen madurar a los niños aceleradamente para entenderlos. Desde muy temprano enfrenté la realidad de que mi padre no era un héroe, más bien era un reto de entender y sin saberlo, el arquitecto y respuesta a lo que serían mis propios retos.

El rencor nunca tuvo cabida y logramos tener un relación cordial y por un tiempo hasta laboral. Crecer sin mi padre cerca fue el mayor testimonio del peso que tiene la genética en nuestras vidas. ¿Cómo si no explicar que haya adoptado sus manierismos, palabras, alergias, problemas de salud, opiniones (algunas) y sentido del humor?

Alexy González no tenía disposición de padre, he allí lo controversial de una vida donde dejó 5 hijos. Sus sueños eran más bien profesionales y de realización personal. Fue intelectual, inteligente, crítico, analítico y por un tiempo y a su manera, muy amoroso. Y sobre todas las cosas, fue el gran amor de mi madre. Pero era su propia inteligencia lo que le impedía engañarse sobre las repercusiones de los errores cometidos. El poco se movía por emociones, más bien por lógica.

¿Saben por qué me atrevo a decirles cómo era? Porque muchas de esas características las compartimos. Y a pesar de nuestra limitada relación y de cualquier reclamo que tuviera hacia el padre, yo entendía al hombre. Yo entendía sus ambiciones porque son las mías. Yo comprendía de sus limitaciones en el ámbito personal porque son las mías. Y me evalúo constantemente porque se que tengo la tendencia a cometer los mismos errores. Pero es mi deber con la vida y el mejor honor que puedo rendirle a mi padre no cometerlos. Una forma de reivindicación endosada. Como en el escondite, ¡yo libro por todos!

Al padre le dije adiós hace tanto tiempo que ya no distingo el momento. Del hombre me despido hoy. Se que ha llegado tu momento de descansar y que dejaste muchos sueños pendientes. Haré lo posible por cumplir los míos y sé que seguramente te verías identificado en ellos.

Puedes estar tranquilo de que recordaremos lo bueno de tu vida y de que al menos yo, te entendí profundamente.

Descansa en paz.

Te despido con una canción que siento describe a la gente como tú y como yo

podría haberte dicho que me importas.
eso… y un millón de cosas. pude hacerlo
y no lo hice y no sé por qué.
será porque es más fácil escribirlo
o demostrarlo, que
montar un numerito de esos de fatalidad,
según lo que establece el reglamento
del aparentar.
Podría haber llorado un mar de lágrimas
saladas, arrojarme a los abismos
y partirme en dos el alma, desatar la tempestad
y el huracán de mi garganta,
y confesar desesperado que no puedo con mi rabia.
Aunque en mi actitud no soy tan evidente,
no puedo sufrir más.
que el dolor cuando es por dentro es más fuerte,
no se alivia con decírselo a la gente.

Alejandro Sanz – Si Hay Dios

 

venezolanos

El Venezolano en el Exterior

Para mi, viajar es la actividad más enriquecedora que he tenido la dicha de experimentar. Claro está, todos tenemos distintas formas de hacer turismo. Algunos necesitamos hacer compras, otros visitar atracciones, tomar fotos o conocer lugares inhóspitos.

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Lo que más me gusta es conocer la rutina del sitio que visito, saber cómo vive esa comunidad, cuáles son las calles más concurridas, dónde hacen mercado. Creo que la lección más grande que se lleva el viajero es aprender cómo ese sitio donde hizo “turismo” es distinto a su lugar de origen.

En mi viaje a Orlando, eso de ver cómo viven los locales se ha convertido en “cómo viven los venezolanos”. Y para nuestra desilusión, me ha tocado escuchar descripciones poco agradables de nuestro gentilicio que nos están haciendo quedar muy mal.

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¿Qué Dicen del Venezolano?

Escuchar que el venezolano es flojo, abusador, engreído, tramposo y tantas otras cosas es muy frustrante. En principio porque el venezolano tiene muchas cualidades que valdría mucho más la pena destacar. Pero además porque nosotros sabemos que en efecto, hay coterráneos que van con mucho orgullo ufanándose de ser lo que ellos llaman “habilidosos” y nos dejan la mala fama a todos los demás.

Se dice mucho que el problema es que el venezolano no está acostumbrado a emigrar. Pero en mi opinión, no haber vivido nunca lejos de casa no puede ser una limitante para aprender a convivir y adaptarse. No es justo que constantemente te adviertan “aléjate de los venezolanos, cuidado con los venezolanos, mosca que ese es venezolano”.

Los Venezolanos que Conozco en el Exterior

Pensando en las personas que he tenido la oportunidad de conocer, caigo en cuenta de que conozco gente de cada continente. Y amigos míos no-venezolanos, les doy mi palabra de que en mi país hay más que frivolidad, flojera y echonería.

En Venezuela mayoritariamente hay talento y decencia, lo que pasa es que esas cualidades no hacen tanta bulla. El que madruga a diario y da a conocer lo mejor de la cultura venezolana a sus vecinos pasa desapercibido. Pero el venezolano que abre un negocio en el exterior para explotar y humillar a sus empleados lo hace con bombos y platillos.

Para hacerles el cuento corto, en un lugar tan remoto como Australia hay venezolanos promoviendo nuestra gastronomía y arte con muchísimo respeto por la cultura local. En Argentina, Panamá, España, Egipto, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá conozco venezolanos que usan su talento al máximo para ganarse el respeto profesional que se merecen.

¿Y Entonces Qué Hacemos?

Evidentemente yo no tengo la verdad absoluta ni la solución. Pero mi granito de arena para balancear nuestra reputación será hacer más bulla por aquellos que tienen una historia mucho más interesante que contar que los abusadores de los que ya todos conocen.

¿Sabían ustedes que hay un venezolano en Egipto que tiene años trabajando con éxito en hoteles de varias ciudades del mundo?

¿Sabían que en Brisbane, Australia hay una venezolana que abrió su negocio de arepas y tiene sorprendidos a los locales?

venezolanos en el exterior

¿Habían escuchado de los venezolanos que abrieron un box de crossfit en Melbourne? ¿Del venezolano que tiene una empresa de tequeños en la misma ciudad? De Cambur Pintón y Caribay que promueven nuestra música y danza.

¿Conocen de las venezolanas en Argentina y Panamá que se dedican al Marketing?

¿A los venezolanos que han levantado sus familias en Estados Unidos sin cuentas multimillonarias que los respalden?

Y les menciono poquísimos casos, porque somos muchos y hacemos de todo.

¿No les parece que vale la pena hablar más de ellos?

Crónicas de Atención al Cliente: Vestida de Gerente

El año pasado durante una visita a Orlando, tuve la oportunidad de acompañar a alguien al banco para un asunto de atención al cliente. Parte de lo que más nos llamaba la atención al grupo turista era cuán distinto era el concepto del banco y cuan acostumbrados estaban nuestros familiares a ello. “¡Tres personas en cola! ¡Interminable!”.

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Para quienes vivimos en Venezuela, ir al banco y tener sólo a tres personas por delante es un día de suerte. El ritual de tener el papelito y ver los números pasar en la pantalla puede ser hasta un momento de reflexión de vida.

 

Atención al Cliente: Al Estilo de Orlando

 

En aquella desierta agencia de la Florida, esperábamos que atendieran a nuestro familiar tomando café, escuchando música y disfrutando el aire acondicionado del lugar. Ocasionalmente se acercaba algún bromista a decirle a otro asesor “pregúntale a estas venezolanas por tus Torontos, si te dan un Carré mejor”.

 

No pasaban 10 minutos sin que se nos acercara otra persona a preguntarnos si estábamos bien. Y es que, pronto entendimos que ellos no estaban acostumbrados a ver su banco con tanta gente en la sala de espera. Les preocupaba la impresión que podían llevarse sus clientes al ver el banco “a reventar” y con aparentes largos tiempos de espera.

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La Gerente del Banco

 

En medio de lo que ya se había convertido en un encuentro social en el banco, se nos acerca una joven muy amable repartiendo tarjetas de presentación. “Buenas tardes, mi nombre es Fulana y soy la Gerente del Banco. Estoy a su completa disposición para lo que necesiten. Aquí está mi teléfono, email, etc”.

 

Más allá de que nos sorprendió lo accesible que era la Gerente, no pudimos evitar notar la mayor diferencia entre el banco en Venezuela y el banco en la Florida. La Gerente del banco en la Florida usaba chancletas, necesitaba un manicure y un retoque de mechas. Pero probó ser la Gerente más atenta de cualquier banco que yo haya visitado.

 

La chica no supo el debate que abrió en nuestro grupo. Nos hizo recordar una cantidad de anécdotas donde la estética se antepone al servicio al cliente en nuestro país. Recordamos incluso un caso de alguien muy cercano que pidió un trabajo de recepcionista y le pidieron enviar su resumen curricular, incluyendo peso y medidas.

 

Atención al Cliente: Al Estilo de Venezuela

 

Hace poco fui a pedir información en el banco y como era de esperar tuve tiempo hasta de hacer el mapa mental de mi futuro mientras llegaba mi turno. Al ritmo del timbre de los números se escuchaban quejas de los clientes tipo “¿y usted no esta capacitada para hacerlo?”.

 

Muy pocas caras felices se veían tras escuchar la letanía de “debe comunicarse con banca telefónica”. Pero a diferencia de aquel banco en Orlando, el mensaje lo daban jóvenes de punta en blanco. Promotoras con impecable keratina y creativos diseños de manicure.

 

Un señor bastante mayor se acercó a quien parece ser la subgerente con dudas sobre su cuenta y esta de muy mala gana le explicaba que la cuenta estaba suspendida. Le repitió unas tres veces una lista de requisitos como si de su asistente se tratase, sin tomarse la molestia de anotárselo a quien claramente no entendía los términos.

 

En un momento el señor llegó a preguntar “¿De dónde saco una referencia personal?”. A lo que esta persona, encargada aparente de un grupo de personas dedicadas a atender a los usuarios del banco le respondió “¡Bueno! ¿Y es qué usted no tiene nadie que lo conozca?”

 

La Importancia del Aspecto Personal

 

Para la mayoría de nosotros, alguien de apariencia higiénica y bien cuidada seguramente nos resulta mas agradable a primera vista. Lo que hace tan importante que los agentes de atención al cliente respondan a ciertos códigos de vestimenta. Yo particularmente creo que uñas y cabello limpio son sumamente importantes.

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Pregunto entonces, ¿cuál debe ser el balance entre una buena impresión visual y una  buena impresión por servicio? ¿quién tiene un mayor problema que solucionar? ¿La chica que ha pospuesto la visita al salón de belleza o la que no supo manejar el desconocimiento del anciano en temas bancarios?

Y ojo, no con este post quiero decir que un estilo de banco es mejor o más eficiente. Cada uno tiene procesos distintos que se adaptan a las necesidades locales. Pero una buena atención al cliente debería ser universal.

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Atención al Cliente: Al Ritmo Panameño

Panama Atencion al ClienteAntes de comenzar esta historia quiero aclarar que mi corta estadía en Panamá obviamente no me da bases para hablar de toda la población. Pero voy a contarles de quienes se encargan de atender al turista. ¿Ya? Si han ido a Panamá entenderán.

Lo primero que notas es que al parecer, estar frente a un mostrador, frente a la persona que atiende y tarjeta en mano no se interpreta como que requieres de algún servicio. Quizás es muy común que la gente se pare a refrescarse o meditar en esa posición. También puede suceder que el encargado del negocio te vea esperándolo pero no lo interprete como que lo necesitas allí. Está bien, porque a lo mejor uno lo que está es admirando su escritorio. Luego él llega y te dice “ah yo las estaba viendo desde hace rato”. Y sin más explicación, asumes que no fuiste lo suficientemente clara como para que se acercara.

En las líneas aéreas parece que sucede mucho que la gente haga la cola del check-in para entretenerse. Fíjense que al estar 30min con pasaporte y dinero en mano no queda claro tu propósito allí. Eso lo entiendes cuando te dicen “ah yo pensé que no iba a viajar”. Lógico, porque si no quieres viajar por lo menos te quedas viéndolos como entrenamiento. Lo que también aplica a tu maleta, porque que reciba el ticket no significa que automáticamente la monten en la correa.

Otra cosa interesante es que te digan que estás en PB aunque el ascensor marque “2”, que metan la tarjeta a pesar de que el sistema pida deslizarla y que el momento de dar una dirección sea confuso.

Repito, no conocí suficientes panameños como para sacar una conclusión, esto es meramente basado en la experiencia de áreas turísticas. Ojalá pronto pueda regresar y comentarles más de una nación en evidente crecimiento. No se puede describir el área nueva con otro adjetivo que no sea “impresionante” y el hecho de que en 12 días puedas ver como avanza la remodelación del aeropuerto es increíble.

Espero verte pronto con más calma Panamá.

 

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El Drama de la Hermana Flaca

El drama de las diferencias de metabolismo nos ha afectado a las mujeres de diferentes generaciones. Pero se acentúa cuando ese recordatorio crece y seguirá en contacto contigo de por vida. Gracias a una conversación reciente con una prima que ha vivido la misma situación, me di cuenta de que el drama de la hermana flaca es universal. Es como un plan cósmico que nos pone a prueba y nos entrena para enfrentar al mundo. Uno, que es inteligente, sabe que no debe obsesionarse con el tema. Uno sabe que cada mujer debe cuidar su cuerpo, su organismo, su salud integral, estar orgullosa de sus cualidades. Pero entonces tu hermana flaca entra muy campante a decir “¡Me pesé con ropa y zapatos y tengo 2 kilos menos! ¿loco no? Y eso que no estoy haciendo dieta”. Y toda tu inteligencia se va con las aguas negras para gritarle ¡CÁLLATE!

 

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Claro está, estoy hablando de ese momento banal que todas tenemos. Porque realmente uno sabe que la mujer es más que el indicador de la balanza. Lo que pasa es que su indicador tiene tantos dígitos menos…

 

Uno sabe que la alimentación no es cuestión de dietas, que es un estilo de vida para mantenerte saludable. Lo que pasa es que cuando tú te sales de ese estilo y hueles un pan dulce ganas 3 kilos. Pero cuando tu hermana flaca se come la bolsa de pan con un vaso de Toddy se para igualita…

 

Uno sabe que cada quien tiene su estilo de vestir y hay prendas que te favorecen más que otras. Pero cuando tu hermana flaca entra con la crisis “¡no tengo nada que ponerme! ¡todo me queda aguado horrible! ¿será que rebaje?”, tú tienes que controlarte para no lanzarle un zapato en la cabeza…

 

Uno sabe que las tallas M, L y XL son una total farsa y nuestras tiendas tienen esta cultura pro anorexia que nos manda a todas las que no somos “misses” a “la tienda de las gorditas”. Donde básicamente te ofrecen una bolsa negra con 3 huecos para cubrirte. Pero te entra una rabia cuando tu hermana le manda a meter al talla S…

 

Las que tengan hermanas flacas me entenderán. Somos personas inteligentes, confiadas, realizadas, conscientes y modernas el 99% del tiempo. Pero el problema es ese otro 1% donde tu hermana se como un pote de Nutella y tú estás controlando tu ansiedad con una cucharada de cacao sin azúcar. Es ese momento donde pierdes toda racionalidad y quisieras que la Nutella esa ¡le provocara una hiperactividad intestinal!

 

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El problema es que en la sociedad que nos ha criado, un caucho es gordura extrema. Aquí cualquiera que no sea talla 26 en pantalón “está gordita”. Y el que viene a criticar nunca pregunta por tu insulina, tiroides, glicemia, estrés o colesterol. Por el contrario es “cómete algo”, “para el pico” o “¿tan chévere tu hermana que no engorda verdad?”. Si, ¡un tripeo!

 

¿Y a ti te pagan por eso?

 Quiero dedicar este post a todos los que menosprecian el trabajo de otros sin  siquiera intentar hacerlo por un día.


 “¿Y qué es lo que tú haces? ¿Escribir? ¿Y por eso te pagan? ¿Por estar en la  computadora todo el día? ¡Mira fulano! ¡A ella le pagan por hacer nada todo el  día! ¿Que si se cansa? ¿Como se va a cansar si no hace nada? Que sabroso”


 Y es que, existe esta creencia popular de que sólo se cansa el que tiene un trabajo  físico. De que sólo trabaja el que suda y de que sólo se esfuerza el que tiene  ampollas en los pies. Obviamente hay trabajos muy físicos que generan un  desgaste que los trabajos de oficina. Yo particularmente no me quejaría de un  dolor de pies frente a alguien que pasa el día recogiendo basura por toda la  ciudad. O de mucha presión laboral frente a un médico de guardia en un hospital.  Pero ciertamente quienes trabajamos “frente a la computadora” no estamos todo  el día cuidando la granjita de facebook… bueno, no todos.


Lo que me llama la atención es:

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La Nubecita Gris

Que chévere es cuando tú le preguntas a alguien “¿Cómo estás?” y la respuesta es “¡Muy bien!”… pero eso pasa poco. A mi en particular me irrita la gente que te responde “Bien” casi en tono de disculpa. Como si tuvieran un problema grandísimo y lo que les pasa es que no consiguen el repuesto del retrovisor del carro.

El problema también es que la gente no te permite estar bien. Tú respondes “todo chévere” y por detrás dicen “es que ella es hermética, no le gusta hablar de sus problemas”. Asumiendo que tienes que estar consternada con todos los problemas de tu vida que a ellos les parecen evidentes.

Ahora, hay un especie en particular que yo recomiendo evitar a toda costa. Me gusta llamarle “La Nubecita Gris”. Esta gente vive para quejarse y necesita hacerte saber lo mal que están, o lo bien que están pero todo lo que les salio mal en el camino.

Esa gente que te dice “¿Tú debes 25? ¡No chica! ¡Yo debo 12.500.037.151! ¿Y fulana? fulana debe más porque esa tiene mucha plata, ¡vieras el viaje que se echó!”. Y tú te haces 3 preguntas:

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