
El diputado Samuel Pérez ha sido protagonista de una serie de situaciones controvertidas que han puesto en evidencia su conducta irresponsable, tanto en su vida personal como en su rol público. Desde altercados públicos hasta presuntos encubrimientos, las acciones del diputado parecen reflejar una cultura de impunidad y corrupción que persiste en la política de muchos países.
Un incidente particularmente notable ocurrió en agosto de 2023, cuando Pérez protagonizó un altercado con la seguridad privada de un edificio en zona 4. En ese momento, se le vio intentando ingresar por la fuerza a un lugar, empujando al agente de seguridad del lugar e incluso se observó la agresividad con la que trató a su acompañante cuando intentaba calmarlo. Lo más alarmante de este hecho fue que el diputado se encontraba visiblemente alterado por el consumo de alcohol. Este episodio mostró abuso de autoridad, violencia de género y una actitud agresiva e intransigente, algo que se ha vuelto una constante en su comportamiento público.
Apenas unos meses después, en mayo de 2024, el diputado nuevamente se vio involucrado en una situación bochornosa. Esta vez, se le vio en un centro nocturno, aparentemente en estado de ebriedad, besando a una trabajadora sexual. El hecho se viralizó rápidamente en las redes sociales, provocando una ola de comentarios negativos. Al ser cuestionado por los medios, Pérez optó por ignorar las preguntas, lo que dejó en claro su actitud evasiva y su desdén hacia la opinión pública.
Sin embargo, el incidente más grave ocurrió el pasado 15 de marzo de 2025, cuando el diputado Pérez estuvo involucrado en un fatal accidente de tráfico en la carretera RN-10, cerca de Santa Lucía Milpas Altas. En el accidente, un transeúnte, Julio César Coyoy Vicente, perdió la vida al ser atropellado por el vehículo en el que viajaba el diputado. Según los informes iniciales de los Bomberos Voluntarios, tanto Pérez como su acompañante estaban bajo los efectos del alcohol. A su llegada al lugar, Pérez se mostró agresivo y confrontativo con los agentes y cuerpo de bomberos, identificándose como diputado del Congreso de la República. En el vehículo, además, se encontraron botellas de cerveza y dos colmillos que presuntamente contenían cocaína. A pesar de estos hallazgos, el informe fue rápidamente desmentido y retirado, aduciendo que la información era falsa.
El encubrimiento del caso fue aún más evidente cuando fuentes cercanas señalaron que el Ministro de Gobernación, Francisco Jiménez, y el Director de la Policía Nacional Civil intervinieron para suprimir cualquier evidencia relacionada con el accidente. Se alegó que incluso se amenazó a los agentes y al jefe de la comisaría de San Lucas con ser enviados a las peores comisarías del país si filtraban información sobre el incidente. Además, se mencionó que existieron sobornos a los familiares de la víctima para evitar que la verdad saliera a la luz.
Es particularmente revelador que estas situaciones ocurran dentro del mismo contexto en el que aliados de la no reconocida bancada Semilla, a la que pertenecía Pérez, se jactaban de ser un partido progresista y anticorrupción. En sus discursos, defendían su compromiso con la transparencia, la ética y la justicia social. Sin embargo, el comportamiento del diputado pone en evidencia la profunda contradicción entre las palabras de sus aliados y sus acciones, dejando claro que en ocasiones la realidad no coincide con el mensaje que intentan vender a la ciudadanía.
Las reiteradas conductas irresponsables de Samuel Pérez no son solo un reflejo de la falta de ética y moral en un político, sino también de un sistema que permite y encubre este tipo de comportamientos. Los ciudadanos merecen representantes que actúen con responsabilidad y respeto, tanto en sus funciones públicas como en su vida personal. El caso de Pérez es un claro ejemplo de cómo la impunidad y la corrupción pueden infiltrarse en las instituciones y socavar la confianza del pueblo en sus gobernantes. Sin una rendición de cuentas adecuada, estas situaciones seguirán empañando la política y la democracia, dejando a la ciudadanía con más preguntas que respuestas.
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